Tutores Juárez’ Blog

Todos somos tutores, nuestro espacio

lineamientos para la formación y la atención de los adolescentes

Posted by myrnachaparro en enero 24, 2009

La orientación y la tutoría

en la escuela secundaria.

Lineamientos para la formación y

la atención de los adolescentes

Índice

Introducción                                                                                                                  3

Los retos actuales de la educación secundaria                                                                     5

Pautas para la organización del trabajo en la escuela secundaria                                              9

A) La tutoría                                                                                                                  9

Ámbitos de intervención del tutor                                                                                   10

1. La inserción de los estudiantes en la dinámica de la escuela                                             10

2. Seguimiento del proceso académico de los alumnos                                                       13

3. La convivencia en la aula y en la escuela                                                                       15

4. Orientación académica y para la vida                                                                            16

Condiciones institucionales para el trabajo colaborativo vinculado con la orientación y la tutoría 18

Lineamientos para las actividades de tutoría                                                                      20

Evaluación de las actividades de tutoría                                                                            21

B) La orientación educativa                                                                                            23

1. Atención individual de los alumnos                                                                               23

2. El trabajo con los padres de familia                                                                              24

3. Vinculación con instituciones que brindan atención a los adolescentes 25

4. Apoyo y orientación a los docentes                                                                            25

5. Organización de redes de acción para garantizar el bienestar de los alumnos en el espacio escolar                                                                                                                      27

Lineamientos para las actividades de orientación educativa                                                28

Bibliografía                                                                                                                 29

Introducción

Uno de los principios que guían a la Reforma de la Educación Secundaria es el mejoramiento de la calidad del trabajo y las condiciones de la escuela secundaria para asegurar la permanencia y los logros en el aprendizaje de los adolescentes. Para que este principio sea efectivo, es necesario prever un conjunto de medidas y condiciones necesarias con el fin de que cada plantel de educación secundaria ofrezca la posibilidad de que alumnos y maestros conformen una comunidad de aprendizaje.

La conformación de una comunidad de aprendizaje constituye una condición importante para el desarrollo de experiencias que promuevan las competencias para la vida, las cuales, a su vez, contribuyen al logro del perfil de egreso de la educación básica. Asimismo, una comunidad de aprendizaje tiene como soporte fundamental el trabajo colaborativo entre docentes, directivos, personal de asistencia educativa, padres de familia y alumnos.

La consolidación de las escuelas secundarias como comunidades de aprendizaje implica, entre otros aspectos, que los docentes de una escuela tengan información compartida sobre las características de los alumnos y los retos que les plantea cada asignatura, además del apoyo que necesitan como parte de un grupo escolar y de manera individual. Dicha información será una referencia común para los docentes de todas las asignaturas y para el desarrollo de actividades que, al interior de una escuela, contribuyan a facilitar la integración de los alumnos a la dinámica escolar, conocer los mecanismos que les permiten apoyar su trabajo en cualquiera de las asignaturas y considerar a la escuela secundaria como un espacio para el desarrollo personal.

Lo anterior plantea la necesidad de reconocer la diversidad de características e intereses que existen entre los estudiantes de educación secundaria. Esta diversidad se expresa en la manera en que los alumnos responden a las tareas que la escuela demanda: en su disposición ante el estudio y los retos, en su capacidad para solicitar apoyo a los compañeros y maestros y en la manera en que afrontan conflictos y toman decisiones.

Para que una escuela genere un ambiente propicio para el aprendizaje, se requiere que cuente con los siguientes rasgos:

  • Que el trabajo de cada profesor en el aula y otras actividades que se realicen fuera de ella favorezcan los aprendizajes con que se encuentra comprometido este nivel de la educación básica.
  • Que el colectivo escolar responda a situaciones que afectan el desempeño académico de los alumnos en el aula, la escuela y el entorno comunitario.
  • Que exista una visión compartida de la convivencia armónica, de los derechos y responsabilidades implicados, a fin de garantizar el respeto a la individualidad de cada persona y el bienestar colectivo.
  • Que se establezcan metas comunes sobre los logros que los alumnos deben alcanzar al término de cada grado y de todo el nivel.
  • Que se considere al trabajo colegiado como una tarea imprescindible para analizar colectivamente aspectos de cada grupo escolar, así como los casos en que se requiere tomar acuerdos para mejorar la actividad de determinados alumnos y grupos.

Si bien algunas de estas características se suponen vigentes desde hace tiempo en el trabajo de las escuelas secundarias, la atención que se brinda a las mismas es escasa al prevalecer una dinámica centrada en los aspectos formales de los contenidos que desplaza los aprendizajes de los alumnos del centro de la actividad escolar. Portal motivo, el desarrollo de las características personales y la capacidad para aprender constituyen situaciones que demandan el desarrollo de acciones articuladas entre los docentes de la escuela, el orientador educativo, el persona1 directivo y de asistencia y los padres de familia.

El trabajo colegiado entre docentes constituye el soporte principal de la atención que se brinde a los adolescentes que asisten a una escuela secundaria. Como un espacio de diálogo, de intercambio de información y de toma de decisiones colectivas, estas reuniones tendrán como referencia los aprendizajes de los alumnos y sus características como individuos y como integrantes de grupos escolares. La posibilidad de ofrecer tutoría y orientación a los alumnos estará, de este modo, sustentada en acuerdos que manifiestan una visión compartida sobre el trabajo y la responsabilidad de la escuela ante los estudiantes, las familias y la sociedad.

En este texto se describen algunas orientaciones para guiar el trabajo del colectivo docente en la tarea de orientar a los alumnos en su desarrollo personal y como miembros de diversos grupos. Esta tarea se concreta en el espacio curricular de Orientación y Tutoría y en el servicio de orientación educativa. Al describir las características y funciones de estos ámbitos, se parte de las condiciones y elementos comunes que poseen, en nuestros días, la mayor parte de las escuelas secundarias de nuestro país.

La diversidad de las escuelas demanda, de cada colectivo docente y del personal directivo, ajustes específicos, por lo que las orientaciones que a continuación se presentan buscan contribuir a que las escuelas secundarias descubran las maneras en que pueden convertirse en espacios para el disfrute del aprendizaje, el bienestar en el estudio y la convivencia armónica, como parte del desarrollo integral de los alumnos.

Los retos actuales de la

Educación secundaria

La posibilidad de que la escuela secundaria, último nivel de la educación básica, ofrezca una contribución significativa al desarrollo de los alumnos como personas y miembros de la sociedad, depende de la capacidad de la organización interna y de los actores que la sostienen -personal directivo, docente y asistencia educativa principalmente- para reconocer los desafíos que la vida diaria plantea y planteará a los adolescentes.

La escuela secundaria encara, así, una sociedad donde los modelos de vida, empleo, participación, convivencia y desarrollo personal se ven atravesados por un marco de incertidumbre que empaña la claridad sobre el futuro a corto y mediano plazos. El desempleo y la disminución de la movilidad social, afectan notoriamente el valor que los jóvenes asignan a la escuela. Por otra parte, la posibilidad de acceso a información por vías alternas a la escuela, plantea a los adolescentes un escenario difuso sobre el sentido, en su vida personal, de asistir a la escuela.

Lo anterior implica la necesidad de que el trabajo de la escuela secundaria se desenvuelva alrededor de la actividad académica de sus alumnos, de tal modo que se asegure el logro de las competencias generales y los rasgos del perfil de egreso previsto para la educación básica. Sin duda cada profesor, desde su asignatura, esta comprometido con el desarrollo de nociones y conceptos, empleando estrategias que superen la mera repetición de información, que apunten a la construcción de conocimientos accesibles para los estudiantes y al desarrollo de estrategias intelectuales que les permitan aprender cada vez mejor en la escuela y en otros contextos.

De esta manera, los adolescentes requieren encontrar en la escuela secundaria un espacio que enriquezca su horizonte de desarrollo al ofrecerles la posibilidad de hablar y reflexionar con docentes, capaces de constituirse en interlocutores atentos que, además de abordar una asignatura, sean sensibles y muestren disposición de acompañarlos de manera comprensiva y solidaria.

La orientación y la tutoría tienen, así, un carácter preventivo al involucrar la realización de acciones oportunas con todos los alumnos que asisten a la escuela para el desarrollo pleno de sus potencialidades y aspiraciones personales. De esta forma, la labor de los docentes va más allá de impartir una asignatura, pues se requiere que estén atentos a los alumnos con quienes trabajan, mediante el conocimiento de su desempeño diario, de las formas de relación que establecen con sus pares, los maestros y otros integrantes de la escuela.

Existe un conjunto de factores que plantean la necesidad de que los docentes intervengan, además, en otros ámbitos que forman parte de la vida escolar que no se relacionan de manera directa con los contenidos de las asignaturas. Se trata de situaciones vinculadas con las características personales y culturales de los alumnos, el clima de convivencia y de trabajo que prevalece en el aula y en la escuela. Estos factores se encuentran presentes en toda la jornada escolar relacionados con el trabajo individual y de grupo que realizan los estudiantes.

En la historia de la escuela secundaria, estos aspectos se han considerado colaterales al trabajo académico y se han delegado en la figura de los orientadores educativos para intervenir cuando se reconocen como problemas que obstaculizan el desempeño de los alumnos. Una vez que se detecta su origen, el cual se atribuye generalmente a la familia y al contexto social del alumno, se toman cartas en el asunto citando a los padres de familia o adoptando medidas particulares durante su estancia en la escuela; por ejemplo, destinarlo a algún grupo donde comparta problemas similares con otros alumnos.

El comportamiento diario de los alumnos suele ser objeto de atención de los docentes y se centra en las conductas disruptivas del orden que debe prevalecer en la escuela. La frecuencia y el tipo de estas conductas forman parte del registro que se elabora sobre el paso de los alumnos por la secundaria y plantea la aplicación de medidas para sancionarlas e impedir su ocurrencia.

Estos factores suelen concebirse como situaciones individuales y externas a la escuela. Con ello, se olvida que:

  • El clima propicio para el trabajo en e1 aula y para el resto de las actividades escolares es resultado de la participación de todos los integrantes de la escuela.
  • La propia dinámica escolar puede ser generadora de problemas para el aprendizaje.
  • Puede tratarse de problemas compartidos por varios estudiantes ante cierto tipo de contenidos y actividades escolares.

En nuestros días, el deterioro de las condiciones de vida de gran parte de la población, el clima de violencia que se expresa en diversas formas y contextos – incluyendo a la escuela-, el desarrollo de enfermedades susceptibles de adquirirse desde la adolescencia son, entre otros, aspectos que demandan también una labor organizada por parte de la escuela.

Por lo anterior, es necesario convocar a un número mayor de docentes para conocer y comentar sus apreciaciones sobre el desenvolvimiento de los grupos que atienden para asumir esta labor como una tarea que favorecerá el desarrollo del trabajo en cada asignatura.

El reto de constituir a la escuela secundaria en una comunidad de aprendizaje con estas características corresponde a todos los docentes que en ella trabajan. En este sentido, brindar apoyo, orientación y tutoría se plantea como una labor compartida y asumida por maestras y maestros dispuestos a conocer a los adolescentes a quienes imparten clase y apoyar su proceso de formación.

Como integrantes de una comunidad de aprendizaje, los docentes tienen el reto de aprender a aproximarse a sus alumnos a fin de ponderar las necesidades que enmarcan su desempeño escolar como estudiantes e integrantes de la escuela. Esta atención, que tradicionalmente ha estado en manos de los orientadores educativos o vocacionales, amplía su sentido al involucrar a todos los docentes que laboran en la escuela.

Como se verá más adelante, la orientación y la tutoría incluyen acciones que demandan tareas específicas del orientador educativo, el trabajador social, el psicólogo y el médico escolar. Pero, además, comprenden la acción de todos los docentes como tutores de un grupo interesados por indagar en torno a los alumnos como personas para orientarles en situaciones que condicionan su aprendizaje y en decisiones relacionadas con su futuro. En la práctica escolar el orientador educativo y el tutor establecen líneas de acción específicas de acuerdo con su función, pero a la vez correlacionadas para dar atención eficiente y oportuna a los adolescentes.

Cada escuela secundaria tiene ante sí el reto de asegurar condiciones que favorezcan el desarrollo y el aprendizaje de los adolescentes. Esto implica que el colectivo docente potencie las capacidades de sus integrantes. Aprender a reconocerlas y compal1irlas constituye un aprendizaje conjunto. Posiblemente algunos docentes tengan mayor facilidad para el establecimiento de relaciones de trabajo con los alumnos basadas en la confianza. Esta capacidad puede ser adquirida por otros colegas en la medida que se generen condiciones para el diálogo y el intercambio de experiencias.

Desde esta perspectiva, los docentes, los tutores, el director y el personal de servicio de asistencia educativa* necesitan trabajar conjuntamente para diseñar estrategias de acompañamiento a los alumnos que respondan a sus características individuales, sociales y culturales.

  • En la organización de la mayor parte de las escuelas secundarias se ha considerado la existencia del Personal de Servicio de Asistencia Educativa – integrado por el Orientador Educativo, Trabajador Social, Médico Escolar y Prefectura- para atender y orientar a los alumnos en las problemáticas que se gestan en cada grupo y los requerimientos propios de las asignaturas. A esta labor se incorpora el tutor de grupo en quien recae la responsabilidad de acompañar, guiar y orientar a los alumnos. Considerando la diversidad de modalidades que existen en la educación secundaria, las características de los servicios que pueden ofrecer y las necesidades de la comunidad escolar, es importante revisar los acuerdos 97 y 98 -donde se establece la organización y funcionamiento de la Escuela de Educación Secundaría-, las Orientaciones Generales para la Elaboración de la Normatividad en las Entidades Federativas. Del gobierno y funcionamiento de las escuelas de Educación Secundaria y la normatividad educativa de cada entidad, para delimitar las funciones de tutores e integrantes del Personal de Servicio de Asistencia Educativa y coordinar acciones en función de las posibilidades y necesidades de cada centro educativo.

Este conocimiento compartido sobre los estudiantes coadyuvará en la definición de acciones que repercutan en los aprendizajes para la vida que requieren lograr los alumnos en su paso por este nivel educativo.

Pautas para la organización

del trabajo en las

escuelas secundarias.

A fin de orientar y potenciar el esfuerzo de los profesionales que laboran en las escuelas secundarias y convertirlas en espacios propicios para el aprendizaje, se presentan algunos lineamientos generales que precisan las tareas de profesores y personal de asistencia educativa en los espacios curriculares y organizativos de la educación secundaria.

A) LA TUTORÍA

La propuesta curricular de la Reforma de la Educación Secundaria contempla un espacio denominado Orientación y tutoría* con el tutor del grupo, al cual corresponde una hora semanal a lo largo de los tres grados. Esta reforma a la escuela secundaria no sólo considera cambios en el ámbito curricular y pedagógico al incorporar espacios como el de Orientación y tutoría, sino también establece modificaciones a su organización y funcionamiento con la finalidad de que los docentes consideren como parte de sus funciones la labor de tutores.

La tutoría es un espacio curricular de acompañamiento, gestión y orientación grupal coordinado por una maestra o maestro quienes contribuyen al desarrollo socio-afectivo, cognitivo y académico de los alumnos, así como a su formación integral y la elaboración de un proyecto de vida.

La tutoría tiene como propósitos:

  • Acompañar a cada grupo de alumnos en las acciones que favorezcan su inserción en la dinámica de la escuela secundaria y en los diversos momentos de su estancia en la misma.
  • Contribuir al reconocimiento de las necesidades y los intereses de los adolescentes como estudiantes, y coadyuvar en la formulación de un proyecto de vida viable y comprometido con la realización personal en el corto y mediano plazos, así como al mejoramiento de la convivencia en los ámbitos donde participan.
  • Favorecer el diálogo y la solución no violenta a los conflictos en el grupo y en la comunidad escolar, el respeto a la diversidad y la valoración del trabajo colectivo como un medio para la formación continua y el mejoramiento personal y de grupo.

* En este sentido, en el documento Orientaciones Generales para la Elaboración de la Normatividad en las Entidades Federativas. Del gobierno y funcionamiento de las escuelas de Educación Secundaria, se mencionan algunos lineamientos para que los docentes asuman un mayor compromiso en la formación integral de los alumnos. Entre las funciones que habrán de desempeñar se hace referencia a Orientación y tutoría (ver el numeral 14 de la fracción 111.1. De los actores del proceso educativo del documento mencionado).

En el tiempo destinado al espacio curricular de Orientación y tutoría se pretende que el tutor de grupo intervenga 105 ámbitos que se enlistan enseguida, para coadyuvar a la permanencia de los alumnos y al buen término de sus estudios en este nivel.

1. La inserción de los estudiantes en la dinámica de la escuela.

2. Seguimiento al proceso académico de los estudiantes.

3. La convivencia en el aula y en la escuela.

4. Orientación académica y para la vida.

El desarrollo de actividades de discusión y análisis de grupo en torno a estos ámbitos será la tarea fundamental del trabajo semanal. Podrán fungir como tutores de un grupo los profesores de las asignaturas inscritas en las líneas curriculares de Español, Matemáticas, Ciencias (Biología, Física y Química), Geografía de México y el Mundo, Historia, Formación Cívica y Ética, Lengua Extranjera, Educación Física, Educación Tecnológica y Artes (Música, Danza, Teatro, Artes Visuales) que, de acuerdo con las posibilidades de cada escuela, atenderán uno de los grupos a los que imparten su asignatura, de modo que estarán en contacto con ellos durante una hora más a la semana.

Ámbitos de intervención del tutor

Para que los tutores desarrollen su función, es necesario considerar que, además de la atención al grupo a su cargo, habrán de elaborar un plan de acción tutorial flexible e incluyente donde contemplen actividades e instrumentos que les permitan conformar un expediente del grupo atendido, conversar con los diferentes actores de la escuela, llevar a cabo el seguimiento de los adolescentes a su cargo, considerar el trabajo que realizan en las asignaturas y su vinculación con los proyectos y programas institucionales.

Es importante que este plan de acción sea conocido por maestros, personal de asistencia educativa y directivos escolares para precisar y coordinar actividades en función de las necesidades tanto del grupo como de la institución escolar. A continuación se describen aspectos de la función de! tutor en los ámbitos señalados para la Orientación y Tutoría.

1. El proceso de inserción de los estudiantes en la dinámica de la escuela Uno de los aspectos revelados por estudios recientes sobre los alumnos que ingresan a la educación secundaria es el impacto que genera, en su desempeño académico, la transición de la primaria hacia este nivel. Dicho impacto se expresa en altos niveles de ansiedad debidos, en su mayor parte, al cambio drástico en la dinámica de trabajo. De esta forma, la experiencia de tener un solo maestro a tener varios representa una modificación notable en el encuentro con estilos y criterios para trabajar, además de las dosis de información de un número bastante mayor de asignaturas.

Por otra parte, las pautas para interactuar con los compañeros, los tiempos para transitar de un tema a otro, la oportunidad para entregar tareas y trabajos plantean un reto a la capacidad de adaptación de los alumnos y les demandan la inversión de grandes dosis de energía, en detrimento de los aprendizajes académicos durante los primeros meses de estancia en la escuela secundaria.

Los alumnos requieren, además, tener claridad sobre las normas que regulan la organización en la escuela y el aula, para establecer compromisos con formas de actuación y participación que facilitarán su relación con los profesores, compañeros y otros integrantes de la comunidad escolar. El conocimiento de estas normas da sentido al uso de los espacios escolares y al aprovechamiento del tiempo durante la jornada escolar.

La recepción del alumnado. Semana de inducción

Al inicio del ciclo escolar, el trabajo de Orientación y Tutoría requiere brindar a los alumnos, un acompañamiento en sus expectativas e inquietudes al ingresar a una nueva escuela o al pasar al siguiente grado dentro de la educación secundaria.

El acceso a un nuevo nivel educativo y/o grado escolar implica expectativas y temores diversos sobre el porvenir y los retos que depara un escenario social y ambiental que resulta nuevo para los estudiantes y ante el cual tienen que responder generando ajustes en su vida a corto y largo plazo. Para facilitar el tránsito de los alumnos de nuevo ingreso, es conveniente que los docentes de primer grado organicen, en la primera semana de trabajo, actividades que favorezcan la integración a la dinámica de la escuela y al trabajo en aula, las cuales podrían encaminarse a desarrollar estrategias de bienvenida que faciliten este proceso de inserción, mediante el conocimiento de las personas que forman parte de la comunidad escolar, de los servicios que se ofrecen y de las pautas de organización de la escuela.

Algunas acciones que pueden realizarse para favorecer el proceso de inducción de los alumnos son las siguientes:

  • Informar sobre el apoyo que maestros, personal de apoyo, padres de familia y autoridades de la escuela pueden brindar a los alumnos.
  • Proponer dinámicas de autoconocimiento y clarificación de expectativas, dudas e inquietudes sobre la escuela secundaria.
  • Realizar dinámicas de presentación que promuevan el acercamiento y conocimiento entre los alumnos y con el personal docente.
  • Conversar con el director, el tutor y el orientador educativo.
  • Organizar reuniones con alumnos, padres de familia y docentes con el fin de explicar las normas de funcionamiento del plantel educativo, los aspectos fundamentales de la infraestructura, el funcionamiento del plantel, sus instalaciones, los servicios que ofrece y los sitios de esparcimiento.
  • Organizar redes de investigación que identifiquen las instituciones y I espacios localizados en el entorno de la comunidad que brindan apoyo y atención a los adolescentes.
  • Obtener información especifica sobre las opciones de atención dirigidas a los adolescentes. (Organizan un directorio de instituciones locales)
  • Difundir la información recababa en forma verbal e impresa.

Las sugerencias anteriores son sólo ejemplos que buscan brindar mayor claridad y posibilidades para conformar una propuesta metodológica en la que se formulen actividades pertinentes para cada contexto escolar específico. Por ello estas acciones sugeridas carecen de un estricto orden secuencial.

Dado que este tipo de actividades involucra a los docentes que trabajan en primer grado, es conveniente destinar toda la jornada o una parte de la misma durante la primera semana de clases, para que exista coordinación en su desarrollo. Los alumnos de segundo y tercer grados también pueden participar con testimonios y experiencias, elaborando carteles que brinden pistas útiles o juegos que estimulen la solidaridad y la confianza con los de nuevo ingreso. También puede abrirse un foro donde los alumnos de segundo y tercero expongan el reglamento que rige las relaciones académicas y de convivencia de la escuela y se comente sus ventajas para el bienestar colectivo.

Conocimiento y participación en la normatividad de la escuela

Es posible que los adolescentes de un grupo de reciente formación tengan intereses diferentes con relación a las actividades escolares de la institución y el grupo al que se integran. Por ello, se sugiere fortalecer mecanismos de comunicación para que conozcan las prioridades de la dinámica escolar y las relacionen con sus necesidades como alumnos. Un elemento importante para la inserción del alumnado en la dinámica escolar es el reconocimiento de las normas que rigen la vida en la escuela pues, más allá de su difusión como un listado de preceptos de comportamiento, se requiere de un trabajo de sensibilización sobre el sentido que tienen para la convivencia armónica en la escuela. Además, se requiere que el reglamento existente sea comentado con los alumnos, atendiendo a las dudas que presenten.

Otra labor fundamental del tutor será coordinar la elección de representantes de grupo entre los alumnos para favorecer la participación democrática en la toma de decisiones y la solicitud de información y presentación de peticiones a las autoridades educativas, la exposición de dudas, inquietudes, temores y propuestas de sus compañeros y su representación ante el colectivo de profesores. Asimismo, recogerán las inquietudes y sugerencias de los alumnos respecto a las reglas y normas para que, mediante el consenso de alumnos, docentes y padres de familia, la normatividad se apegue a las necesidades reales de la comunidad escolar.

Como se señala más adelante, la participación de los alumnos en la definición de normas y acuerdos para la vida escolar forma parte de un proceso que contribuirá a la convivencia armónica y a su reconocimiento como integrantes de la comunidad escolar.

2. Seguimiento del proceso académico de los alumnos

Otra de las funciones del tutor de grupo consistirá en dar seguimiento al trabajo que los alumnos desarrollan en las diversas asignaturas, a través de estrategias individuales y colectivas que le permitan sondear e identificar, permanentemente, asuntos que representan problemas en su aprendizaje. Con estas actividades se buscará que los alumnos cuenten con un espacio para exponer sus puntos de vista, reflexionar sobre su proceso de aprendizaje, identificar y expresar qué se les dificulta o facilita de cada asignatura y proponer posibles soluciones de carácter individual y colectivo a los problemas que surjan.

El tutor deberá generar mecanismos que le permitan conocer y registrar información de los alumnos, contar con una base sólida para identificar su situación en diferentes momentos del ciclo escolar e implementar estrategias de apoyo e intervención y, de este modo, dar un seguimiento al proceso académico del grupo escolar.

A continuación, se presentan algunas sugerencias de actividades acordes con este ámbito.

  • Aplicar una autoevaluación sobre el rendimiento personal en cada una de las asignaturas.
  • Identificar ventajas y/o dificultades personales con el trabajo en cada asignatura.
  • Proponer formas de autoestudio y establecimiento de metas que mejoren su desempeño académico.
  • Evaluación de la dinámica del grupo y formulación de propuestas de mejoramiento académico.
  • Expresar y analizar opiniones sobre el trabajo propuesto por los diferentes docentes.
  • Comentar sobre dificultades y ventajas en cada una de las asignaturas del currículo.
  • Puesta en común de las propuestas de cada equipo.
  • Compartir con el grupo propuestas de mejoramiento del proceso académico de beneficio colectivo.
  • Establecer compromisos en forma personal y de grupo.

Estas actividades y otras que el tutor ponga en marcha buscan promover en los alumnos la reflexión y el diálogo sobre el esfuerzo personal y colectivo que cada asignatura les demanda. Los resultados que se obtengan se complementarán con la información que el tutor recabe en encuentros sostenidos con los profesores que dan clase al grupo al que da tutoría.

De este modo, el trabajo colegiado entre el tutor y los docentes contribuirá a la identificación de problemas académicos de una o varias asignaturas. Será labor del tutor de cada grupo promover mecanismos de diálogo, comunicación y consenso con los docentes para coadyuvar a la articulación de esfuerzos y a la creación de estrategias alternativas para mejorar las características del trabajo escolar o superar los problemas de aprendizaje y de convivencia.

Para tal efecto, el tutor encabezará la organización de colectivos que tendrán como meta diseñar y garantizar dispositivos para apoyar el trabajo de todos los alumnos y prevenir la reprobación y la deserción. Es conveniente que analicen los factores que favorecen u obstaculizan la comprensión de ciertos contenidos. Las conclusiones y los acuerdos a los que lleguen constituirán un insumo para definir nuevos temas de análisis y discusión con su grupo. Con ello se evitará la fragmentación de la actividad educativa de la escuela. .

En estos colectivos se analizarán las características del grupo de alumnos que el tutor tiene a su cargo, en términos de las potencialidades y limitaciones de sus integrantes para el trabajo en cada asignatura. Lo anterior ayudará a tener un panorama compartido, ponderar las estrategias que cada docente puede impulsar desde su asignatura, así como definir otras que requieren promoverse en todas. Es preciso señalar que este balance permitirá adoptar medidas oportunas en los casos donde se aprecien dificultades que hacen probable la reprobación o la deserción, así como favorecer el desarrollo óptimo de las capacidades de los alumnos, por lo que la atención de! colectivo docente debe situarse en todos.

De acuerdo con las características y posibilidades de cada escuela se definirán, además, actividades de apoyo a los alumnos fuera del horario de clase, posiblemente con ayuda de los padres de familia, de alumnos de grados superiores o con ventajas en alguna asignatura, para apoyar a sus compañeros en las asignaturas donde existe mayor dificultad. También puede considerarse la experiencia de alguna organización local interesada en el trabajo con los jóvenes. El mejoramiento del desempeño académico de los alumnos será también el eje de estas acciones.

La comunicación del tutor con los padres de familia es fundamental para que las acciones acordadas en el apoyo a los alumnos tengan resonancia en el seno familiar. Por otra parte, los padres de familia pueden proporcionar información importante para el estudio en casa, sobre las condiciones que pueden ofrecer a sus hijos, el tiempo que utilizan para estudiar, lo que les satisface o no de la escuela, sus inquietudes y dudas. A su vez, el tutor mostrará a los padres su disposición para aclarar cualquier situación sobre la actividad escolar de sus hijos.

Cuando el colectivo de maestros y el personal de asistencia educativa lo considere adecuado, el tutor invitará a los padres de familia a participar en actividades escolares como exposiciones, días abiertos, actividades recreativas, con las que se fortalezca la comunicación y la confianza encaminada a favorecer el desarrollo académico de los alumnos.

3. La convivencia en el aula y en la escuela

Otro ámbito de intervención de la Orientación y Tutoría concierne a la convivencia diaria en el salón de clase y en la escuela. La construcción de nuevas formas de relación entre los docentes y los estudiantes tiene como fin la convivencia armónica y solidaria en la escuela de acuerdo con valores que garanticen el respeto a la dignidad y los derechos humanos de todos los integrantes de la comunidad escolar. Las relaciones se pueden fortalecer mediante la creación de un ambiente escolar favorable a la integración y el trabajo colaborativo. La conformación de un ambiente de respeto y apoyo mutuo, de confianza para opinar, expresar dudas y equivocarse, colaborar, escuchar y ser escuchado, resulta imprescindible para el estudio y el aprendizaje.

Desde esta perspectiva, se concibe una convivencia armónica que procura la integración de maestros y alumnos mediante el desarrollo de la cooperación y la empatía que apuntan al despliegue de habilidades y recursos para el fortalecimiento de su desarrollo personal y social. Este ambiente se crea con el esfuerzo de maestros y alumnos y es el objetivo al que se encamina la existencia de normas y acuerdos para garantizar el bienestar de toda la comunidad educativa.

La intervención oportuna del tutor en los conflictos que surjan entre alumnos, entre éstos y algún profesor o personal de la escuela debe orientarse a que los alumnos valoren la convivencia respetuosa como una condición para aprender, y que relacionarse positivamente como parte de un grupo académico les exige la capacidad para analizar su participación en la convivencia diaria. Para el tutor plantea el reto de conocer y comprender las inquietudes que dicha convivencia genera en los alumnos.

A continuación se presentan algunas actividades encaminadas hacia mejoramiento de la convivencia escolar.

  • Recordar y registrar algún conflicto ocurridos dentro de la escuela y la postura personal ante el mismo.
  • Observar diferentes situaciones de convivencia en la escuela (patio, aulas, ceremonias, sanitarios, actividades recreativas) y analizarlas.
  • Realizar actividades exploratorias para identificar situaciones de violencia en distintos grupos: entre hombres, entre mujeres, entre hombres y mujeres, entre adultos y adolescentes, entre autoridades y alumnos.
  • Elaborar entrevistas para identificar la presencia de situaciones de conflicto en los espacios seleccionados.
  • Analizar aspectos de género, salud, diversidad y legalidad implicados en la convivencia escolar.
  • Debatir sobre los valores relacionados con igualdad, tolerancia, solidaridad, participación y reprocidad.
  • Seleccionar los problemas de convivencia que requieren mayor atención.
  • Diseñar una estrategia que contemple diversos procedimientos que pueden modificar y mejorar la convivencia escolar.
  • Diseñar planes de acción que contemplen formas de convivencia democráticas.
  • Concretar acciones: establecer compromisos.

En las sesiones semanales que el tutor desarrolle con los alumnos, se considerará la necesidad de configurar una agenda o un guión de conversación con el grupo que facilite la manifestación de sus intereses, inquietudes, necesidades y aspiraciones. Estas sesiones pueden acompañarse de estrategias que favorezcan la expresión de los alumnos en torno a temas de su interés, por ejemplo, la comunicación con sus maestros, la seguridad en la escuela y en la zona aledaña a la misma, las opciones de recreación que les gustaría tener, su opinión sobre la disciplina en la escuela, las decisiones relacionadas con su futuro, la convivencia y los conflictos entre sus pares, entre otras.

Al abordar en el colectivo de docentes los aspectos relacionados con la convivencia escolar, es necesario formular medidas articuladas para prevenir situaciones de conflicto que afecten el bienestar de los alumnos. Existen algunas áreas que requieren considerarse de manera particular para abordarse en las sesiones de Orientación y Tutoría -prevención de adicciones, sexualidad y perspectiva de género, conservación del ambiente y valores que deben tomarse en cuenta como facetas de la convivencia escolar-, que también constituyen contenidos transversales que se estudian en varias asignaturas del currículum.

La vinculación del tutor con el orientador educativo es importante al abordar alguna de las áreas citadas, pues este último desarrolla -como se verá más adelante- una labor de enlace con las instituciones que ofrecen servicios especializados, de información y de atención a población adolescente. De esta manera, puede considerase la posibilidad de solicitar el apoyo de alguna institución si se ha detectado la necesidad de revisar alguna situación de la convivencia diaria en la que se requiere que los alumnos cuenten con cierta base informativa para analizarla y proponer soluciones.

4. Orientación académica y para la vida

El tutor, en coordinación con el orientador educativo, tendrá la responsabilidad de brindar sugerencias a los alumnos sobre los diferentes caminos académicos y profesionales que pueda conocer y ponderar como comienzo de la definición del proyecto de vida. Si bien la coordinación entre estos dos actores es necesaria, por el momento se abordará la función que en este terreno compete al tutor.

A través del contacto del tutor con su grupo y de la información que ha recibido de otros docentes, puede contribuir al proceso de autoconocimiento de los alumnos en lo que respecta a sus potencialidades, aspiraciones y necesidades de formación en el terreno académico. El tutor propiciará en los alumnos la reflexión sobre los aspectos del trabajo escolar que les parecen más interesantes, aquellos que les resultan difíciles y, sin embargo, atractivos, así como los que les demandan mayores niveles de esfuerzo. De esta manera, los alumnos, podrán conformar una idea más clara de sus disposiciones, aptitudes y preferencias hacia diversas áreas de estudio y realizar balances periódicos sobre los cambios que experimentan.

Una tarea importante, a partir de los resultados de tal balance, es el bosquejo de escenarios profesionales y académicos y su confrontación con las expectativas y metas que los alumnos pueden plantarse para su futuro .inmediato. Con base en estos escenarios posibles, los alumnos requerirán precisar algunas de las acciones que les permitan arribar a ellos; es decir, los caminos o itinerarios a seguir, respecto a los cuales se requieren valorar su pertinencia para emprenderlos, así como su viabilidad para realizarlos.

De este modo, la definición del proyecto de vida podrá ser visualizada por los alumnos como un conjunto de decisiones que ellos mismos tomarán sobre su futuro, a partir de las acciones que realizan día a día, en torno a su formación académica, y de la evaluación periódica que hacen de tales decisiones.

Para favorecer la ubicación de escenarios y acciones futuras, el tutor, podrá impulsar acciones como las siguientes:

  • Identificar las necesidades, potencialidades y aspiraciones personales. Reflexionar sobre diversos aspectos del trabajo escolar que favorecen determinadas capacidades.
  • Explorar opciones de escenarios profesionales, laborales y académicos que ofrece el entorno.
  • Solicitar información a las instituciones que ofrecen la continuación de sus estudios.
  • Confrontar a los alumnos sobre la viabilidad de los escenarios académicos que se proponen alcanzar.
  • Conformar un directorio electrónico e impreso con direcciones electrónicas e información sobre las instituciones que ofrecen servicio educativo a los adolescentes.
  • Hacer un balance sobre los logros alcanzados. Precisar nuevas acciones.

Condiciones institucionales para el trabajo colaborativo vinculado con la orientación y la tutoría

Para que la tutoría y la orientación se constituyan en una tarea compartida, se precisa de tiempos y espacios favorables para el encuentro entre docentes, tutores, prefectos, orientadores educativos y personal directivo. Actualmente, las posibilidades para la realización de encuentros periódicos entre todos los docentes de un mismo grado y grupo son limitadas debido a que, durante mucho tiempo, la escuela secundaria ha venido funcionando como una institución preocupada por dar información a los alumnos, más que por contribuir a su formación como personas e integrantes de la sociedad.

En la medida de las posibilidades de cada escuela, el personal directivo, encargado de asignar grupos a los docentes, deberá considerar como parte de las tareas docentes el espacio de tutoría. Asimismo, deberá considerar, al organizar los horarios de clase, la posibilidad de que las horas de descarga académica de los docentes de un mismo grado y grupo coincidan en día y hora, con el fin de permitir a los tutores programar sesiones colectivas de tipo colegiado.

De acuerdo con la valoración que el tutor realice de la información a compartir con los docentes, se precisará la frecuencia con que deben realizarse reuniones donde coincidan quienes atienden al grupo en cuestión. Para estas reuniones, el tutor plantea una agenda de trabajo que seguramente se modificará durante la marcha y que, en reuniones subsiguientes, contendrá acuerdos establecidos con los docentes del grupo tutorado.

En los casos en que alguna problemática o condición afecte de manera generalizada a varios sectores de la población estudiantil, resultará conveniente que los tutores de un mismo grado o de toda la escuela se reúnan en un consejo de tutores para establecer acuerdos y estrategias que comunicarán al resto de los docentes. Este consejo de tutores también puede asumir algunas decisiones sobre casos individuales de los alumnos, sobre todo cuando el plantel no cuenta con el servicio de orientación educativa.

La participación del personal directivo en estas reuniones puede contribuir a la coordinación de esfuerzos para acompañar a los estudiantes de este nivel educativo. El director y subdirector de la escuela requieren estar al tanto del trabajo que los tutores organizan con los demás docentes para estar en condiciones de tomar decisiones sobre medidas y estrategias que contribuirán a mejorar las condiciones de estudio de los alumnos de un grupo o grado particular, o bien de todo el plantel.

El trabajo colaborativo, además de requerir de la aplicación de condiciones como “as que se acaban de describir, demanda la construcción de un clima propicio para intercambiar opiniones sobre la propia enseñanza y la de otros colegas, para analizar de manera constructiva y trabajar en equipo. Requiere, así, la disposición a dialogar, escuchar, ponerse en el lugar de los demás y asumir compromisos personales y colectivos.

La contribución del trabajo colaborativo a la tutoría y a la orientación plantea una nueva manera de asumir la enseñanza y el esfuerzo diario de los docentes en la escuela consistente en reconocer espacios de aprendizaje colectivo: todos los docentes que trabajan con un grupo escolar, el orientador educativo, los prefectos, el personal directivo, están convocados a recorrer juntos un camino para enriquecer la enseñanza, las relaciones con los estudiantes y las condiciones que permiten, a estos últimos, aprender.

Para desarrollar esta labor, es necesario que el tutor considere en el trabajo con el grupo a su cargo los siguientes aspectos:

Con los alumnos:

  • . Conocer al grupo en sus rasgos y cualidades académicas, afectivas y actitudinales, así como sus intereses y posibles dificultades para el aprendizaje.
  • . Impulsar el desempeño académico de los alumnos: detección y atención a sus necesidades.
  • . Constituirse en un interlocutor confiable y contribuir al manejo de emociones en los alumnos.
  • Conciliar intereses de los alumnos con los que les ofrece la escuela secundaria y orientar la elección de proyectos académicos y sociales a corto y mediano plazo.
  • Propiciar oportunidades diversas de diálogo con los docentes, autoridades y entre los alumnos.
  • Promover un ambiente de confianza y respeto en el salón de clase.
  • Conocer lo que sucede en otras asignaturas en los aspectos académicos y de convivencia.
  • Ser receptivo a los comentarios de los alumnos y maestros en cuanto a su desempeño en el grupo.
  • Favorecer la mediación y el dialogo en los conflictos del grupo y de la comunidad escolar.

Con los demás profesores:

· Mantener contacto y comunicación con los demás maestros que atienden el grupo para identificar y abordar situaciones académicas y de convivencia escolar.

· Favorecer un ambiente de convivencia entre profesores y alumnos.

· Programar, coordinar y orientar actividades de los docentes con el grupo: plan de acción tutorial, evaluaciones, actividades extraescolares, reuniones colegiadas y trabajos en casa, entre otros.

Con los órganos de dirección de la escuela:

  • Promover el trabajo colegiado con profesores y directivos para adoptar medidas opol1unas para favorecer el aprendizaje de los alumnos y de los grupos, que reduzcan la deserción y la reprobación.
  • Establecer canales de comunicación con el personal de asistencia educativa y las autoridades escolares para contar con información relevante sobre características, acontecimientos y circunstancias de la vida escolar y extraescolar que repercutan en el bienestar de los estudiantes.

Con los padres de familia: ,

· Valorar la función educativa de la familia y orientar su participación en la formación de los alumnos y del grupo.

· Informar a los padres de familia sobre el desempeño -personal, escolar y social- de los alumnos en la escuela, y contribuir a que asuman responsabilidades y compromiso.

Lineamientos para las actividades de tutoría

En el espacio de Orientación y Tutoría se abordan asuntos relacionados con las necesidades e intereses de los alumnos dentro del marco de las funciones que el tutor ha de desempeñar en los ámbitos de su participación, donde se brinda orientación y atención a las y los adolescentes en torno al proyecto de vida. Es un espacio que no debe considerar el tutor para realizar actividades propias de la asignatura que imparte.

Por otra parte, las sesiones de Orientación y Tutoría se distinguen del servicio de orientación educativa en comprender una atención y apoyo de carácter grupal, a través del cual se impulsa el desarrollo y aprovechamiento de los recursos individuales y colectivos de los alumnos, para salir adelante con las exigencias y los retos que les plantea el trabajo de cada asignatura. Por su parte, el orientador educativo brindará una atención primordialmente individual a los alumnos que la requieran en áreas involucradas con su desempeño escolar, las cuales se describen más adelante.

No obstante esta distinción, es necesaria la coordinación, colaboración y complementariedad entre el trabajo que desarrollan el orientador educativo y el tutor de grupo, con quien el orientador emprenderá acciones focalizadas hacia los casos de alumnos que requieren de un apoyo concertado con los padres de familia, las instituciones especializadas, o con el trabajo de gabinete que desarrolla el propio orientador.

La información que el tutor obtenga sobre las características de los alumnos deberá compartirla con los demás profesores que atienden a ese grupo como parte del trabajo colegiado, necesario para definir las estrategias que los docentes deben impulsar con cada grupo de alumnos, así como considerar los casos que requieren de la observación atenta por todo el colectivo docente para explorar una problemática particular. En este sentido, el tutor realizará un diagnóstico general que será útil para que el orientador educativo tome decisiones sobre las acciones que es necesario desplegar con determinados alumnos de acuerdo con las características de cada situación. Aquí es probable que el tutor tenga que emprender algunas tareas de diagnóstico individual, donde es necesaria la confidencialidad de la información que se obtenga.

A través de esta labor de comunicación y articulación de esfuerzos que realice el tutor, con apoyo de las autoridades y personal de asistencia educativa, será posible identificar los factores que condicionan el desempeño de los estudiantes dentro de la escuela, con el fin de analizar sus orígenes y las medidas que a la escuela corresponde tomar. Cabe señalar la importancia de reconocer conjuntamente estos factores: si se deban, por ejemplo a las características de los alumnos, al tipo de trabajo que proponen los maestros de cada asignatura o a las pautas de organización y disciplina que prevalecen en la escuela. A través de esta valoración, el espacio de Orientación y Tutoría propiciará un conocimiento compartido de los docentes sobre los alumnos con los que trabajan, mismo que permitirá definir las estrategias más adecuadas para potenciar sus capacidades y apoyar la superación de limitaciones o dificultades.

Evaluación de las actividades de tutoría

Aun cuando Orientación y tutoría es un espacio curricular, cabe señalar que los alumnos no serán sujetos de calificación.; sin embargo, para identificar los logros personales y colectivos se valorará su desempeño en el grupo con un sentido formativo y retroalimentador, a fin de fortalecer las acciones que ‘contribuyan a mejorar su bienestar y sus condiciones para el trabajo escolar.

En este sentido, es necesario que el tutor recopile información y evidencia material del trabajo escolar del grupo que atiende. Esta evidencia puede estar conformada por: trabajos individuales, textos que recuperen la reflexión de los alumnos en torno a sus capacidades y necesidades académicas, de convivencia escolar y proyecto de vida. De esta forma podrá contar con evidencias que permitan adecuar o modificar la acción tutorial de acuerdo con la dinámica de cada grupo y, cuando sea necesario, presentar a los demás profesores o a los padres de familia información pertinente para impulsar acciones conjuntas que fortalezcan la formación integral de los alumnos. Estos materiales, que pueden agruparse en un portafolio, pueden ofrecer una información valiosa para otros tutores.

La labor de los tutores requiere ser evaluada en diversos momentos del ciclo escolar con la finalidad de que puedan valorar su desempeño en la atención y apoyo a los alumnos y la convivencia escolar. Considerando que dicha evaluación debe fortalecer, corregir o modificar las acciones del tutor ante el grupo está podrá realizarse a partir de:

  • La autoevaluación, para considerar si las acciones programadas en el plan de acción tutorial responden a 1as necesidades e intereses de los alumnos.
  • Por medio de la coevaluación, lo que implica llevar a cabo reunión con tutores, maestros y personal de asistencia educativa para valorar si las acciones realizadas han respondido a las necesidades de los grupos y la comunidad educativa.
  • La evaluación por parte de los alumnos, donde se reciban sus opiniones sobre la actuación, trabajo y compromiso del tutor ante la función que le fue asignada.

B) LA ORIENTACIÓN EDUCATIV A

Como parte del esfuerzo de las escuelas secundarias para que su labor responda a las particularidades de los alumnos en la tarea de aprender, el orientador educativo ha representado, desde hace varias décadas, una figura importante para tal propósito.

Desde sus orígenes su tarea se ha encaminado a impulsar el aprovechamiento escolar, la atención psicológica y social, así como la orientación vocacional. Para ello, se concibió la necesidad de que este profesional contara con tiempos para la interacción con los alumnos como parte de las horas de clase, además de disponer de un espacio físico para atender, de manera individual, a los que requirieran de una atención cercana.

En la presente Reforma de Educación Secundaria, se consideró la conveniencia de enriquecer la labor de gabinete que los orientadores educativos han desarrollado, al mismo tiempo que mantener una relación estrecha con los docentes que trabajan directamente con los alumnos, a fin de contar con las condiciones necesarias para enfocar su tarea hacia dos dimensiones de la vida escolar: la atención individual a los alumnos y el trabajo de vínculo con el entorno social, que da contexto al que se realiza en la escuela secundaria. Para tal fin, se han definido las tareas que corresponden al funcionamiento de la orientación educativa mediante los siguientes lineamientos.

A continuación se describen los ámbitos en los que el orientador educativo desarrolla su labor.

1.- Atención individual a los alumnos. 2.- Trabajo con los padres de familia.

3.- Vinculación con instituciones que brindan atención a los adolescentes.

4.- Trabajo con los tutores y el personal de asistencia educativa.

5.- Organización de redes de acción para garantizar el bienestar de los alumnos en el espacio escolar.

Cada campo se abordará de acuerdo con las necesidades de la escuela, para lo cual el orientador deberá establecer una agenda de trabajo para dar respuesta a las mismas.

1. Atención individual a los alumnos

Este campo contempla la necesidad de conocer la diversidad de situaciones que enfrentan los alumnos para asistir a la escuela, relacionadas con sus antecedentes familiares, sociales y culturales, así como la identificación de sus capacidades y aptitudes para el estudio. Desde esta perspectiva, sus características, si bien se consideran de manera personalizada, se conciben como parte de un contexto social y cultural que contribuye y limita su desarrollo.

El conocimiento paulatino y sistemático de los alumnos como personas singulares contribuirá a tomar decisiones que permitan potenciar sus capacidades y a emprender acciones individuales oportunas, sobre todo en los casos que plantean riesgos para su desempeño en la escuela; por ejemplo, cuando existe escaso apoyo del entorno familiar y social. La información relativa a esta dimensión individua! será de gran utilidad para el alumno en la formulación de itinerarios académicos y profesionales de índole personal.

Identificación de las características

del entorno que afectan el trabajo escolar

El orientador educativo desarrolla una importante labor relacionada con el diagnóstico de situaciones que representan riesgos para el trabajo escolar, las cuales pueden favorecer la reprobación y la deserción, así como en la identificación de recursos y apoyos institucionales que fortalecen o complementan la atención a los alumnos.

El entorno involucra, así, procesos y actores que van más allá de la escuela y que, no obstante, afectan lo que sucede en ella. En el caso de las situaciones de riesgo se alude a las condiciones que pueden afectar a varios alumnos o a toda la comunidad escolar por constituir un componente del entorno próximo al cual se encuentran expuestos: enfermedades infecciosas y epidemias, vendedores en la zona aledaña con productos de escaso valor nutritivo e incluso dañino y delincuencia, entre otras. Es parte de su actividad, acordar con las autoridades escolares, tutores y padres de familia acciones que eviten poner en riesgo la integridad personal de los alumnos, exploren soluciones factibles donde participen

todos los miembros de la comunidad escolar.

En el caso de los recursos y apoyos institucionales, se considerarían los existentes en la localidad como opciones para el desarrollo, la recreación y la atención de los alumnos. Aquí, el orientador educativo desarrolla una labor de enlace de las necesidades y prioridades de la comunidad escolar con el trabajo de estas instancias.

2. El trabajo con los padres de familia

Un ámbito del trabajo del orientador educativo es la comunicación constante con los padres de familia, buscando concertar formas de colaboración con la escuela que redunden en el desempeño académico de los alumnos. El acopio de información sobre estos últimos, a través de los padres de familia, constituye una tarea permanente. Los rubros sobre los que se exploren aspectos de la vida personal de los alumnos deben responder a las exigencias que plantea el trabajo escolar y las dificultades que se hacen manifiestas en el mismo.

Obtener información de los padres de familia sobre cómo ha sido la trayectoria educativa y las experiencias de vida de sus hijos durante la infancia, proporciona insumos valiosos que el orientador utilizará para identificar aspectos que sonr significativos en el trabajo escolar, particularmente en atención a las inquietudes: de docentes y tutores. Esta información contribuirá a que el orientador defina junto con los tutores y docentes, acciones específicas para enriquecer E desempeño de los alumnos y determinar qué tipo de colaboración se requiere de la familia en los casos que se considere necesario.

La comunicación entre el orientador y los padres de familia tendrá un carácter recíproco, pues estos últimos también tendrán la oportunidad de recibír información sobre la situación escolar de sus hijos y su participación en la convivencia escolar. El orientador establecerá comunicación periódica con lo! padres de familia para informarles sobre las acciones que la escuela emprenderé con el fin de impulsar el desarrollo integral de su hijos. Asimismo, les exhortará é mantenerse informados sobre el acontecer de situaciones significativas qUE puedan beneficiar o trastornar el funcionamiento del centro escolar.

3. Vinculación con instituciones que brindan atención a los adolescentes

El orientador educativo tiene una función de enlace con instituciones que brindar atención a los adolescentes. De acuerdo con su conocimiento de las necesidades y los intereses de los alumnos, le corresponde identificar los servicios institucionales que puedan apoyar los ámbitos como salud, prevención de adicciones, sexualidad, recreación, formación académica futura y trabajo. El establecimiento de vínculos con instituciones que ofrecen este tipo de servicio! favorece la identificación de escenarios de colaboración de especialistas en 10i temas que resulten de mayor relevancia para la vida de los adolescentes y para té orientación a padres de familia y docentes en su labor.

Como parte de una estrategia general de trabajo al inicio del ciclo escolar, E orientador educativo puede considerar la participación de especialistas con charla: a maestros, alumnos y padres de familia, como .los servicios de diagnóstico: atención que ofrezcan instituciones especializadas.

La consulta y recopilación de boletines de instituciones, gubernamentales y n( gubernamentales, en la entidad y la localidad permitirá que el orientador educativo( cuente con información actualizada sobre las posibilidades de apoyo institucional que contribuya a fortalecer la labor de la escuela secundaria fuera del área de d SI competencia.

4.- Apoyo y orientación a los docentes

Un problema constante que enfrenta la educación secundaria es la reprobación y el abandono de la escuela, aspectos que generan el rezago joven en la educación básica. Debido a la gravedad que representan, se hace necesario ofrecer, a docentes y alumnos, la información necesaria para identificar a tiempo la propensión a la reprobación o la deserción, con el fin de unir esfuerzos para mejorar el desempeño académico de los alumnos.

Para brindar este tipo atención y apoyo a docentes y alumnos, el orientador educativo considerará algunos indicadores como:

· Características de los apoyos -personales y materiales- con que cuentan los alumnos fuera de la escuela, para el trabajo escolar.

· Tiempo de traslado de los alumnos a la escuela y de ésta a casa.

· Alumnos que realizan alguna actividad laboral y la manera en que la coordinan con la asistencia a la escuela y el tiempo de estudio en casa.

· Enfermedades y necesidades de atención especial de los alumnos.

Estos factores pueden cobrar relevancia ante las dificultades que los docentes y los tutores identifiquen en el trabajo de los alumnos, así como en los casos en que su comportamiento irrumpe con la convivencia necesaria para trabajar.

El trabajo colegiado en que participe el orientador con docentes, tutores y directivos le permitirá contar con una visión global e integradora de los alumnos y su entorno escolar y social, y dotará de sentido a la información que posee sobre los aspectos antes señalados. Todo ello facilitará la detección oportuna de problemas de aprendizaje que enfrentan los alumnos.

Es necesario que la información sobre estos indicadores sea revisada constantemente a lo largo del curso escolar con el fin de fortalecer o modificar oportunamente las estrategias que se apliquen, y evitar que las situaciones que ponen en riesgo el éxito académico de los alumnos se agudicen y sean irreversibles.

Una vez detectado un problema de reprobación o deserción será necesario plantear estrategias de solución de forma colegiada con los docentes y los coordinadores de grupo. Algunas de las estrategias que surjan tendrán que ver con el trabajo que desempeñan los docentes, por lo que el orientador podrá apoyar en la valoración y reflexión de las formas de enseñanza que se emplean y que requieren modificarse al identificar en ellas situaciones que pueden propiciar la reprobación.

Otras estrategias tendrán relación directa con los alumnos o con los padres de familia. El orientador podrá echar mano de las redes de apoyo académico o preventivo que se creen en la escuela, como los círculos de estudio. En otros casos, el orientador podrá canalizar a alumnos o a padres de familia a instituciones que puedan apoyarlos en la solución de problemas.

5. Organización de redes de acción para garantizar el bienestar de los alumnos en el espacio escolar

La escuela secundaria es un espacio donde deben prevalecer condiciones que garanticen el bienestar de todos sus integrantes. Estas condiciones abarcan la convivencia respetuosa y la existencia de instalaciones seguras e higiénicas, en suma, un entorno propicio para estudiar con interés y entusiasmo.

Para lograr que la escuela se convierta en un espacio apropiado para el desarrollo intelectual, emocional y social de los alumnos se requiere que, entre sus miembros, prevalezca una. cultura de la prevención que permita identificar oportunamente situaciones que afecten su salud o disminuyan su interés por emprender tareas de estudio y de convivir armónicamente con los demás.

En este sentido, la labor de! orientador educativo es fundamental para promover dicha cultura de la prevención, pues su posibilidad para confrontar una visión de conjunto del ambiente escolar y de las características de los alumnos, le ponen en condiciones de apoyar la labor de los docentes, de compartir información, de proponer actividades con los asesores o tutores de grupo y de apoyar el desarrollo de otras instituciones y de programas encaminados a fortalecer la escuela secundaria como un espacio propicio para el desarrollo de los adolescentes en los aspectos emocional, físico y social.

El orientador educativo tiene, así, la tarea de organizar redes de acción tendientes a favorecer el bienestar y desempeño académico de los alumnos. Al hablar de redes, se considera que acciones como campañas, conferencias, reuniones y días abiertos con padres de familia forman parte de una estrategia articulada hacia un propósito definido en función de problemas cuya solución demanden la participación de diversos actores de la comunidad escolar; por ejemplo, la prevención de adicciones o la construcción de entornos saludables a la escuela. Estas redes constituyen una vía para abordar, de manera informada y responsable, situaciones que la escuela tiene en sus manos prevenir y que, a partir de la participación de alumnos, padres de familia, maestros y autoridades escolares puedan ponerse en marcha a lo largo del ciclo escolar.

Lineamientos para las actividades de orientación educativa

La convergencia de dos labores semejantes como son la del tutor y la del orientador educativo sugiere la necesidad de precisarlas. Corresponde, en lo que sigue, describir las principales funciones de la orientación educativa.

En cuanto a la función del orientador educativo:

· Proporcionar un trato afable, equitativo y neutral que favorezca los procesos de autoafirmación y maduración personales y de adaptación al ambiente escolar, familiar y social de los alumnos.

· Aplicar estrategias y técnicas que proporcionen elementos para la toma de decisiones que contribuyan a mejorar el rendimiento escolar de los alumnos en lo individual y lo grupal.

· Fomentar hábitos, acciones y visiones que preservan la salud física y mental de los educandos.

· Fomentar el uso adecuado y racional, por parte de los alumnos, de los recursos con que cuenta la institución.

· Coadyuvar al mejoramiento constante de las relaciones humanas con toda la comunidad.

· Coordinar la realización de sus actividades con las del resto del colectivo escolar, especialmente con las autoridades del plantel.

· Presentar iniciativas que promuevan el logro de los propósitos educativos.

· Realizar entrevistas a los alumnos que le son canalizados por el tutor y maestros del cuerpo docente, con el propósito de propiciar el desarrollo del juicio crítico que les permita definir criterios para actuar y ejercer la autocrítica sobre sus condiciones y acciones.

· Impulsar en cada alumno los procesos de reflexión y promover su participación en acciones orientadas a la consolidación de una sana autoestima.

· Atender con oportunidad las necesidades de los alumnos y la escuela, vinculando a los alumnos o a los maestros con servicios que ofrecen instituciones afines al servicio educativo.

· Colaborar con el personal directivo y docente para la realización de los proyectos de escuela y las solicitudes de atención a los alumnos que dicho personal le solicite.

· Participar en los cursos y eventos de actualización o mejora profesional que se realicen dentro y fuera del plantel.

· Mantener el resguardo y orden de los expedientes de los alumnos que atiende, así como reportar a las autoridades avances cualitativos y cuantitativos de su atención.

____________________________

1 Corresponde al director del plantel, en los casos donde no existe la figura del orientador, tomar mediadas para la realización de estas funciones. Se sugiere conformar un Consejo de Tutores que analice colectivamente los casos que se le presentan, o comisionar a un tutor que, por sus condiciones académicas y laborales, le resulte factible desempeñar. Una posibilidad es la de acercar a los tutores a los programas que realizan las distintas instituciones para la atención de los adolescentes.

  • Evaluar los resultados de sus actividades en forma organizada, continua y objetiva.
  • Sostener una permanente comunicación con los tutores a fin de analizar conjuntamente las necesidades individuales y grupales de los lumnos
  • .Orientar individualmente a los alumnos en asuntos que afectan su desarrollo y bienestar como integrantes de la comunidad escolar.
  • Convocar a los docentes del grupo de los alumnos que requieren apoyos específicos para proponerles acciones que favorezcan su desarrollo integral, así como acudir a instancias institucionales extraescolares que coadyuven a su permanencia y conclusión exitosa de la educación básica.

En su relación con las autoridades:

· Promover ante las autoridades de la escuela las facilidades materiales y administrativas que le permitan desempeñar la realización de las funciones asignadas, así como las iniciativas que mejoren la atención de los alumnos.

· Apoyar ante los alumnos y padres de familia, las decisiones que a favor del desarrollo de los alumnos acuerden con el colegio de tutores y el orientador.

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